Microsueño 2: Niño perdido

Foto Niño perdido, (c) Timothy Cummings

(c) Timothy Cummings

Caminaba detrás de un niño. Tendría unos siete años y creía conocerlo. Él andaba rápido, sin mirar atrás. No sabía si quería que le siguiera o huía de mi. Pero yo lo llamaba insistentemente, pronunciando el nombre que creía el suyo, los ojos fijos en su nuca rubia. De pronto se paró. Al girarse y mostrarme el rostro me di cuenta de que no le conocía. El nombre que había gritado, no era el suyo. Me miró con ojos esquivos, como quien guarda un secreto. Y se apoyó contra una pared, escondiendo las manos detrás de sí como esperando que le dijera alguna cosa. No supe qué decirle, ¿de qué hablar con alguien que sólo siente miedo? Cuando  siguió andando, sin saber por qué, le volví a seguir, esta vez a más distancia. El camino desembocó en una escalera de caracol, descendente, estrecha. El niño bajó por ella. Yo bajé detrás de él. Todo estaba oscuro. Y sentí que no quería seguir en aquel lugar. Me quedé quieta. Él siguió alejándose. Lo vi desaparecer en la oscuridad. Y lo supe: era el niño perdido. El niño cuyo nombre todo el mundo pronunciaba esos días. Sin saberlo, yo también lo estaba buscando.

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