Microcuento: Otros árboles

ESTO ES la jungla donde acecha lo insólito.

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El hombre de la jungla vive saltando de liana en liana, acostumbrado al cobijo de unos cuantos árboles – sólo unos pocos de la inmensidad selvática -, en apariencia feliz. Pero no lo es. Le intimida el sol que se inmiscuye voraz entre las ramas. Desconfía de la calma árida que precede a las tormentas. Y no se siente en absoluto satisfecho. Lo único que posee son las lianas. La posibilidad de volar por el exiguo espacio al que dan bóveda las copas de esos árboles. Y el miedo. También el miedo. Por si una liana se quiebra y se rompe. Cada vez que eso sucede, anuda con desesperación los fragmentos. Los ata para, en cada salto posterior, sufrir la amenaza de un nuevo desgarro.

Sin duda, hay otros árboles más allá de los que frecuenta. Con lianas nuevas, más fuertes. Sabe que los hay. El hombre de la jungla podría incluso llegar hasta ellos, si no temiera enredarse en un desliz, o escurrirse, o hasta precipitarse en lo extraño.

 

© Tere Susmozas

Aprovechando que hoy la revista  Internacional Microcuentista publica uno de los micros incluidos en Terrestre océano, he querido copiarlo aquí también. Con el hombre de la selva como protagonista,  habla de eso tan terrorífico que es la angustia, de cómo atamos con nudos desesperados lo que tenemos, con tal de mantenerlo aunque ya esté roto, temerosos de lo incierto y sin arriesgarnos a ir más allá.

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