El movimiento simbolista

El movimiento simbolista, de Anna Balakian (Ed. Guadarrama, 1969).

 

El movimiento simbolistaEl simbolismo, ¿fue una continuación o más bien una reacción contra el romanticismo?

La lectura de este libro me ha parecido imprescindible para conocer lo que supuso y supone aún en la literatura actual, este movimiento. Su autora, Anna Balakian (Turquia 1915 – Nueva York 1997) explica su significado, las imágenes más recurrentes y la historia completa de este apasionante movimiento, a través de la lectura comparada de sus autores más representativos: Baudelaire (como verdadero precursor aunque nunca tuvo conciencia de estar haciendo algo distinto al Romanticismo), Verlaine,  Rilke, Elitot, Yeats, Válery, J.R. Jiménez y Lorca, entre otros muchos. Autores que, sin duda, me han influido mucho a la hora de escribir a pesar de no que no hay ningún patrón claro a seguir ya que, quizá, el deseo de ruptura de los simbolistas fue mucho mayor y más real que el de crear una nueva forma de expresión.

 

«Desde el punto de vista comparativo, el simbolismo suministra un fértil campo para la exploración, la especulación y el descubrimiento de lo que constituye una de las principales fuentes de poesía, cuya herencia ha sido compartida internacionalmente. Realmente, pocas veces en la historia de las artes se ha producido una tan total anulación de las fronteras nacionales, y se ha convertido la forma artística más difícil de traducir en una moneda de intercambio espiritual generosamente compartida.»

Anna Balakian

Comparto aquí el poema «Correspondencias» de Charles Baudelaire, que ha sido considerado por los poetas posteriores como el manantial del simbolismo. Se trata de un soneto de estructura clásica que abre el libro «Las flores y el mal» y que funciona cómo poética de lo que se lee en sus páginas:

Correspondencias

Baudelaire - foto

(Retrato de Charles Baudelaire)

La natura es un templo donde vivos pilares
dejan salir a veces sus confusas palabras;
por allí pasa el hombre entre bosques de símbolos
que lo observan atentos con familiar mirada.

Como muy largos ecos de lejos confundidos
en una tenebrosa y profunda unidad,
vasta como la noche, como la claridad,
perfumes y colores y sones se responden.

Hay perfumes tan frescos como carnes de niños,
dulces como el oboe, verdes como praderas,
y hay otros corrompidos, ricos y triunfantes,

que la expansión poseen de cosas infinitas,
como el almizcle, el ámbar, el benjuí y el incienso,
que cantan los transportes del alma y los sentidos.

 

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