La creaciación al servicio de la libertad, Svankmajer

Svankmajer - Alice«No pongas jamás tu creación al servicio de otra cosa que no sea la libertad.» Esta es la frase con la que el cineasta checo Jan Savankmajer (Praga, 1934) finaliza su decálogo sobre su particular manera de hacer cine y que os invito a leer.

Sus películas de animación son como un collage en el que la trama no tiene importancia. La atención se centra en el tema, en el que, capa a capa, conecta la realidad con los procesos del inconsciente, creando mundos delirantes a los que traslada sus obsesiones. Sus lecturas de novela gótica y fantástica, de autores como Goethe, Poe, Kafka o Carroll, dejan huella en cada uno de sus trabajos.

La obra de Svankmajer traspasa fronteras entre distintas disciplinas artísticas: ilustración, dibujo, pintura, escultura, poesía. Y considero que este decálogo puede resultar muy útil a cualquier creador.

Decálogo Svankmajer:

I. Graba en tu espíritu que la poesía es solo una. Lo contrario a la poesía es la especialización profesional. Antes de comenzar a rodar una película, escribe un poema, pinta un cuadro, haz un collage, escribe un relato, un ensayo, etc. Porque solo alimentando la universalidad de los medios de expresión tendrás la garantía de realizar una buena película.

II. Sé un completo sumiso de tus obsesiones. Tus obsesiones son, con mucho, lo mejor que posees. Son reliquias de la infancia. Y es de las profundidades de la infancia donde proceden los mayores tesoros. Es preciso dejar siempre la puerta abierta a lo que viene de fuera. No se trata de recuerdos sino de sentimientos. No se trata de lo consciente, sino de lo inconsciente. Deja que este río subterráneo corra por ti libremente. Concéntrate en él y relájate al máximo. Cuando ruedes una película debes «sumergirte en el interior» veinticuatro horas al día. En semejante estado, todas tus obsesiones, toda tu infancia se instalarán en la película sin que seas consciente de ellos. De esta manera la película será un triunfo de lo que proviene de la infancia. Este es el objetivo.

III. Utiliza la animación como si realizases una operación mágica. La animación no consiste en hacer que se muevan las cosas muertas sino en reanimarlas. O mejor, en darles vida. Antes de reanimar un objeto en una película tuya, intenta comprenderlo, pero no a través de su función utilitaria, sino de su vida interior. Los objetos, sobre todo los objetos viejos, son testigos de distintas historias que han quedado impresas en ellos. Han sido tocados y manoseados por personas que se encontraban en distintas situaciones y bajo la influencia de distintas emociones, dejando en ellos las huellas de sus estados psíquicos. Si quieres hacer visible, a través de la cámara, el contenido que se oculta en estos objetos, debes escucharlos, a veces, incluso durante varios años. En primer lugar tienes que convertirte en un coleccionista, y solo después de esto en un cineasta. La reanimación hecha mediante la animación debe realizarse con naturalidad, debe emanar de los objetos y no de tu deseo. ¡Jamás ejerzas violencia sobre los objetos! No te sirvas de los objetos para contar tus historias, cuéntales las tuyas.

IV. Toma el sueño por la realidad y la realidad por el sueño, constantemente. No hay pasadizos lógicos. Entre el sueño y la realidad solamente hay un ínfimo movimiento físico: el de cerrar o abrir los ojos. En el sueño despierto, ni siquiera existe ese movimiento.

V. Si tienes que decidir a qué debes conceder prioridad, si a la mirada o a la experiencia del cuerpo, da siempre prioridad a la experiencia del cuerpo, puesto que el tacto es anterior a la vista y su experiencia mucho más fundamental. Es más, en el estado actual de la civilización, una civilización audiovisual, el ojo está extremadamente fatigado y «maltrecho». La experiencia corporal es más auténtica y no ha tenido que soportar hasta el momento el peso del esteticismo. Pero el punto que no debes perder de vista es la sinestesia.

VI. Cuanto más profundizas en una historia propiciada por la imaginación, más realista tienes que ser con los detalles. Entonces debes apoyarte por completo en la experiencia onírica. Si quieres persuadir al espectador de que lo que está viendo en la película le concierne, que no se trata de algo exterior a su propio universo, sino de algo en lo que está sumergido hasta el cuello, sin ser consciente de ello, no temas servirte de una «descripción monótona», de una obsesión que machaconamente repite «un detalle insignificante», no temas hacer uso del documental. Para ello, debes servirte de todos los artificios cinematográficos que tengas a tu alcance.

VII. La imaginación es subversiva porque proclama lo posible sobre lo real. He aquí el porqué de que hagas uso de la imaginación desenfrenada. La imaginación es el don más grande que posee la humanidad. La imaginación es o que ha hecho que el hombre sea más humano, no el trabajo. Imaginación, imaginación, imaginación…

VIII. Elige siempre temas frente a los cuales tu posición sea ambigua. Esta ambigüedad debe ser suficientemente profunda e irreversible como para que puedas caminar sobre su cumbre sin caer a un lado o a otro o hacerlo a los dos lados a la vez. Solamente así podrás evitar el peor de los crímenes, hacer una película de tesis.

IX. Cultiva la creación como una forma de auto-terapia. Esta actitud antiestética es la que efectivamente acerca la creación a la libertad. Si la creación tiene un sentido, ese es únicamente el de liberarnos. Ninguna película (cuadro, poema) puede liberar al espectador si no procura un estado semejante al autor. Todo lo demás no es más que una cuestión de «subjetividad general». Piensa en la creación como en una liberación permanente.

X. Favorece siempre la creación, la persistencia del modelo interior o del automatismo psíquico y no la idea. Una idea – aunque fuese la mejor – no es una razón suficiente para ponerse detrás de una cámara. La creación no es la claudicación de una idea ante otra. La idea solo tiene lugar en la creación cuando has asimilado el tema que deseas expresar. Solo después de que esto ocurra vienen las buenas ideas. La idea forma parte de un proceso creativo, pero en absoluto constituye un impulso para él.

Nunca trabajes, improvisa siempre. El guión es importante para el productor, no para ti. Es un documento que no compromete a nada, y hacia el que has de dirigirte solamente cuando la inspiración te ha abandonado. Si esta te visita más de tres veces durante el rodaje, tómalo como un signo: o bien estás haciendo una mala película o bien la has terminado.

El hecho de formular estos diez mandamientos no significa que los siga de forma consciente. Estas reglas son consecuencia de mi creación, no la han precedido.

Por otra parte, todo mandamiento está ahí para ser trasgredido (no desviado). Sin embargo, hay otra regla que si se trasgrede (y más aún si se desvía) es destructora para todo creador. Esta regla es la siguiente: no pongas jamás tu creación al servicio de otra cosa que no sea la libertad.

Portada Para ver cierra los ojos, de SvankmajerEste decálogo y otros textos de Svankmajer pueden encontrarse en su libro «Para ver, cierra los ojos» de la editorial Pepitas de calabaza.

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